Principios
El software pequeño puede ser reflexivo, capaz y justo sin volverse complicado. Estas son las decisiones que guían lo que construimos y lo que dejamos fuera a propósito.
Enfocado por diseño
Cada producto empieza con una tarea clara. Las funciones deben mejorar esa tarea, no limitarse a alargar la lista de características.
Precios claros
El precio debe reflejar lo que el producto necesita realmente para desarrollarse, funcionar y mantenerse. Preferimos modelos sencillos y previsibles y evitamos costes recurrentes cuando el producto no los necesita.
Local cuando tiene sentido
Si algo funciona bien en el dispositivo, mantenerlo ahí puede hacer que el software sea más rápido, resistente, respetuoso con la privacidad y barato de operar.
Tecnología con criterio
La nueva tecnología es útil cuando resuelve un problema real. Añadimos IA, servicios en la nube, cuentas o infraestructura cuando mejoran el producto de forma significativa, no solo porque estén disponibles.
Interfaces honestas
Las personas deben entender qué hace una acción, cuánto cuesta algo y qué pasa con sus datos. El diseño debe favorecer decisiones informadas, no ocultarlas.
El usuario mantiene el control
Los ajustes, la asistencia, las notificaciones y la monetización deben apoyar la experiencia, no adueñarse de ella. El producto debe seguir siendo una herramienta para quien lo usa.
Minimización de datos
Recopilar menos suele ser la medida de privacidad más sencilla. Cuando son necesarios servicios externos o tratamiento de datos, intentamos explicar claramente para qué sirven.
Lo pequeño puede seguir siendo pequeño
No todo producto necesita convertirse en una plataforma. Una aplicación bien hecha con un propósito claro puede simplemente seguir haciendo bien ese trabajo.
